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Según las últimas cifras oficiales, sólo el 8,4% de los alumnos primarios del país asisten a escuelas con jornada completa o extendida, muy lejos del objetivo establecido por la Ley de Financiamiento Educativo que disponía que en 2010 debería ser el 30% de la matrícula.

Con la intención de empezar a cumplir con esta meta, el  5 de diciembre de 2012, el Consejo Federal de Educación aprobó, a través de la Resolución Nro. 188/12, el Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente para el quinquenio 2012-2016.

Entre otras políticas, este documento establece que, para 2016, se espera duplicar la cantidad de escuelas con ampliación de jornada en el nivel primario respecto del año 2011.

La pregunta que surge naturalmente es para qué mandar a los chicos más tiempo a la escuela si todavía no consiguen exprimir al máximo el que están asistiendo. "Es una política muy compleja por la inversión que requiere en reformas edilicias, en sueldos y es muy difícil desde lo técnico. Porque la idea no es sumar cargos y horas para seguir con la misma política pedagógica. Es un proceso paulatino. Lo que está demostrado en otros países es que es una política con impacto pedagógico, sobre todo en los sectores menos favorecidos", sostiene Cecilia Veleda, de Cippec, que realizó un estudio sobre cuál fue el impacto que tuvo la jornada extendida y completa en provincias que ya la han implementado como la de Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, Mendoza y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En estos lugares, los docentes y directivos ven casi indispensable contar con jornada completa porque esto genera muchos beneficios: aleja a los niños del trabajo infantil (cartoneo o trabajo rural), evita exposición de chicos a conflictos familiares y sociales, tiene un impacto positivo en el clima escolar, mejora el vínculo entre alumnos y docentes y modifica la relación de los chicos con el aprendizaje y la escuela en general.

"La extensión de la jornada escolar es una medida positiva que puede fortalecer aprendizajes. Más tiempo en las escuelas puede implicar oportunidades educativas únicas para amplios sectores de la población. El tiempo escolar muchas veces es escaso no solo para educar en áreas básicas, sino para brindar reales oportunidades de aprender una segunda lengua, practicar deportes, promover espacios culturales de aprendizaje, establecer conexiones efectivas con el entorno que enriquezcan las experiencias de los chicos, educar en TIC, dotar de más tiempo de aprendizaje a aquellos alumnos que lo requieren en áreas básicas. Creo que los decisores, los docentes y las familias evitarán que esta oportunidad pueda convertirse en tiempo desperdiciado", dice Duro.

Nadie puede negar que poder participar de experimentos en laboratorios, obras de teatro, radios escolares, campamentos, salidas escolares, intercambios con otras escuelas, lecturas en la plaza, juegos matemáticos y exposiciones de artesanías - entre otras actividades implementadas en la jornada extendida- puede ayudar al alumno a cumplir con sus conocimientos básicos y descubrir otros talentos ocultos.

El riesgo consiste en sobrecargar a los chicos de demasiadas horas de exigencia para que después tengan que seguir completando la tarea en su casa, y se queden así sin tiempo para ser niños. "Muchas veces sucede que se extiende el tiempo de clase pero no los objetivos. Entonces el foco no debería estar en la cantidad de horas que el chico se queda en el colegio sino que se quede hasta que comprenda lo que le explican. Existe una pérdida de tiempo cuando se confunde el contenido con la habilidad porque ahí la tarea docente consiste sólo en llenar al alumno de contenido y para eso sí que se necesitan muchas horas. Hay estudios que muestran que los países que tienen alumnos con mejores rendimientos son los que tenían entre 4 y 5 horas de aprendizaje duro por día y el resto se repartía entre talleres y deporte", aporta Johansen.

Por eso, la jornada extendida plantea una nueva oportunidad para promover la innovación pedagógica y mejorar la organización del tiempo: salir de la escuela a dar clase, usar las nuevas tecnologías, desempolvar laboratorios, utilizar más las bibliotecas.

A modo de ejemplo del potencial de la jornada completa, una docente de una escuela de la provincia de Buenos Aires cuenta que "ahora los chicos están 8 horas en la escuela. No se llevan tarea a la casa porque hay más tiempo para trabajar. Son chicos que están mejor preparados que en la jornada simple. Eso lo vemos en el rendimiento posterior, en el secundario. Eso pasa porque están más entrenados para respetar los horarios y aprenden con una computadora y tienen inglés desde primer grado".

www.lanacion.com.ar  02/03/13